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Derribaron la puerta. Lo encontraron entre velas y libros. Él los observó por encima de sus gafas sin mostrar sorpresa.

Contó con cierta satisfacción como había intentado “volar por debajo del radar”. Había comprado la comida pagando en efectivo y había recogido agua de ducha para el aseo. Incluso programó un bot para que continuase su vida en redes sociales.

“Falló su programa automático” dijo uno de los agentes. “Lleva un mes en silencio.”

Sonrió. Se puso en pie y extendió las manos.

“¿Qué quería hacer durante este encierro? Puede negarse a contestar.”

“Escribir”

Con las manos esposadas dejó un marcapáginas en su cuaderno. Albergaba la esperanza de volver a hacerlo.

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