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Desciframos en la penumbra mapas trazados por cartógrafos ciegos que quemaron todos sus apuntes en un arrebato de locura.

Palpamos la tierra efervescente al arrojarnos de la cama tras un mes y un día de ensamblar horas bajo el metrónomo del insomnio.

No nos valen esos mapas viejos llenos de tachones. Queremos nuestros propios papeles en blanco para apuntar nuestros pasos perdidos.

Buscamos anudar relámpagos bajo la cúpula oscura mientras arrojamos pastillas y rosarios que no cuentan nada del camino.

Nacerás del laberinto.

Te encontraremos aunque ya no te conozcamos.

Lo haremos, aunque perdamos nuestra cordura.

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