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Los vencejos cosen el cielo metálico del atardecer.
Yo no quiero llenar cuadernos con crespones negros.

Los miedos ya hablan bastante alto a través de las puertas.
Yo no quiero abrir páginas llenas de vocales dislocadas.

El metrónomo sueña de la mañana a la noche
y repite.

Yo no quiero barajar partituras de notas atenazadas
y bajas.

El mundo es sucio por momentos.
No pretendo pasarlo a limpio.

Escribir para poner ladrillos,
no para cerrar con maderos.

 

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