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No mires mis manos calcinadas a base de querer atrapar las llamas.

Temo que me veas los huesos frágiles a través de las heridas. Sigamos fingiendo que el fuego es de papel, la carne de cemento y los huesos tan duros que no se pueden romper.

Busca la sonrisa que fue en algún lado de mi cara.

Carcajada de niño en parque de atracciones, a bordo de una vagoneta visitando monstruos de plástico. Aquella noche antes de que los terrores fueran de carne.

No me recuerdes aquella vez que predije la vida como una operación simple.

Cuentas en blanco y negro de indios y vaqueros. Sigamos fingiendo que se lo que hago, que la tormenta es mentirosa y que el sol que se divisa no está dibujado en un cartel.

Recuérdame como era todo antes, que ya casi lo he olvidado.

Lléname la cabeza de buenas fotos viejas que sepulten las escenas que acaban de ocurrir. Señálamelas con el dedo, que solo pueda atenderte a ti.

No recojas los añicos de mi sombra.

No vayas a cortarte con las aristas de la memoria. Solo bate palmas para que las moscas se espanten, los pájaros dejen de ocupar los palcos y las nubes se batan en retirada.

Cuéntame cosas hasta que te encuentre.

Que no deje yo de querer escucharte. Guíame para dar esquinazo a las paredes que se desmoronan. Ábreme camino para que te cuente todo aquello que recorrí.

No me mires ahora.

Búscame mañana

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