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Caes, ingrávido,

preñado de metal.

 

Te precipitas al cielo

sembrado de escombros.

Te rompes la garganta

susurrando preguntas.

 

Caes, bocabajo,

atento a lo que se aleja.

 

Mientras a tu espalda

intuyes respuestas

que, ajenas, se barajan

en la orilla del ojo.

 

Caes, ansioso de agarrarte

a una interrogación.

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