Etiquetas

, , ,

Adán sentía golpes al fondo de la casa, bajo la pleamar de la charla de sus invitados.

Sentía pudor de mostrar lo que las habitaciones del fondo de su casa podían contener. No porque acumulara trastos cubiertos de polvo o viejas revistas de fotos amarillas. Temía que al abrir una de las puertas, viendo todo aquello, descubrieran quién era.

Adán siguió sentado en el salón, tomando sorbos de café, esquivado miradas magras, asintiendo a ideas prestadas, mojando la vergüenza en el café y dándole mordiscos al reloj.

Golpeaban en la puerta del fondo de la casa, la habitación en la que se sentaba a solas frente a un papel. Giraban el pomo. Pedían salir.

Siguió sentado allí, evitando poner sus ideas sobre la mesa.

Anuncios