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Páramo de cielo líquido. Aire violento soplado por las piedras. La hierba, oxidada, suena como un cajón de cubiertos.

Bajo el magma del firmamento todo está permitido. Las plantas son de acero, las piedras son livianas y al observador solo lo ata al suelo la idea de escapar de aquel lugar.

Todo está permitido allí.

Da igual que no lo comprendas.

No es menos real ese lugar tejido con retales que ese otro que la luz del sol descubre. La amnesia despertará con tus párpados y solo quedarán postales que mojar en el café.

Ciudad de cielo rendido al reloj. Aire que protesta en los cristales. Hojas amarillas dan sombra a una pared gris.

Todo está decidido aquí.

Da igual que no lo comprendas.

Olvidamos saltar a la comba entre paisajes impresionistas. Tan sencillo como deslizarse por las sábanas, aferrarse a una imagen. Recordar que no se está allí.

Soñar.

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