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Una brizna de niebla

se quedó prendida

en el bosque.

 

La observo desde fuera,

el bosque es espinoso,

no llegaría a espantarla.

 

Hay días en el que

la brizna es minúscula,

apenas una hoja de vapor.

 

Otros ocupa tanto espacio

que acaba por engullir

los pies del bosque.

 

Me limito a asistir

al latido

de la niebla.

 

Disfrutar del sol

cuando no ocupa

más que un palmo.

 

Adivinar el paisaje,

costruyéndolo de memoria

cuando lo abarca todo.

 

Respiración pausada,

colgada de ese bosque

desde los primeros tallos.

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