Etiquetas

, ,

Los momentos de cambio son como los atascos. No sabes verlos hasta que los tienes encima. Incluso aunque un conmovido porvenir retuerza las reglas para conducir en dirección contraria, arriesgándolo todo para hacerte señales con las luces.

No es nada dramático, la carretera seguirá abierta al tráfico.

Pero harán falta minutos, días, una vida, durante los cuales esperarás en el arcén, con el motor encendido, trazando con un dedo sobre el parabrisas los laberintos por los que se ha escurrido la idea de vida a la que le pisabas los talones.

Anuncios