Etiquetas

, ,

Taladros incandescentes que agujerean el sueño.

Son las siete de la mañana y mi cabeza ya ha sacado la primera imagen de la chistera. Las luces del baño, rizadas, helicoidales, representan esa primera chispa que une dibujo y palabra. La playa que separa la vigilia y el sueño es un terreno fértil para cultivar el surrealismo.

Las palabras, a veces, se enhebran solas. Otras se encasquillan y tienden a implosionar, a volver en esquirlas a ese lugar platónico que las ordena y significa. Todo depende de como estén afinadas las cuerdas eléctricas.

Todo se puede contar de manera más sencilla. Casa es casa. Árbol es árbol. Pero sus significados pueden precipitarse, confundirse, mezclarse en una partitura sin líneas que el cerebro se apresura a interpretar con las manos, receloso de que a mitad de camino se pierda alguna nota.

Dentro todo tiene sentido.

Son las siete de la mañana y las bombillas del cuarto de baño me han sugerido la imagen de dos brocas encendidas, taladrando esos minutos en el que el cerebro dormido camina a lomos de unos pies despiertos.

No hace mucho me preguntaba qué sentido tiene el escribir.

Con estas imágenes, ¿qué sentido tiene el no hacerlo?

Anuncios