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Sal a medianoche, conquista ese campo de cemento y luciérnagas.

 
Con el primer golpe de aire toma la calle que el cielo te indica. En cada cruce, en cada esquina, inclínate por la calle más estrecha de esa cartografía inédita que recorres con ojos de cuerpo entero.

 
La ciudad te irá estrechando en sucesivas vías, reduciéndose de grosor

de modo arigmético. Avenidas, calles, callejuelas, callejones y atajos.

 
Llegarás a la sombra de ocho brazos en su danza centrífuga, que danza como un pulpo mecido en una nebulosa. El compás de su pulso lo hace parecer eterno.

 
No hables de ese lugar. Visítalo solo en tu memoria,no podrías encontrarlo de nuevo. El aire cambia y cada cruce altera el camino líquido, barajando las cartas de navegación.

 
Obsérvalo un instante. Estás en el centro de todo. Sigue uno de sus brazos.

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