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Abro el periódico. De él sale un suplemento, un sueño de colores violentos entre grises sábanas impresas . Paisajes remotos de color cyan, comedores abiertos al mar. Un puerto al atardecer, un balneario simétrico.

 
En mitad de la cama revuelta de los asuntos diarios, entre crujidos, se desliza suave la idea de una vida bella. Lugares inexistentes, porque los cielos no son de tinta, las terrazas no miran perpetuas al mediodía. La mar está agitada y la piscina está vacía.

 
Sueños mezclados con objetos de lujo, vida que dura lo que tarda el sol en desplazar las sombras de la primera foto de la página catorce. Lugares que solo son reales sobre el papel satinado.

 
Fuera rostros en offset eluden respuestas, vertebran ideas, piden ayuda, tapizan la vida, atropellan, mienten, venden, quitan, prestan. Líneas escritas que se agitan, presas de vendavales programados en agendas.

 
Ilusiones y noticias que dejan de existir cuando los ojos se levantan del papel. Vidas edulcoradas que tratan de trazar parcelas a primera hora de la mañana.

 
Cebos a color, rumores en blanco y negro.

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