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Tras la noche disuelta
la mañana sin sombras.
Primeros compases de una
luna que se asoma al día.
Incierta hora de edificios
desnudos, sin contrastes.

Al fondo del escenario una
corona de piedra se dora.
Asfalto encendido, pájaros
curiosos en la hierba regadas.
Caminantes atentos al pulso
anclado en su muñeca.

Luego llegan horas de calor,
nubes subiendo el río.
Vapores celestes que abocetan
sueltos las hojas de un eucalipto.
Faldas de sombra en la mediana,
buscadas en la huída del calor.

Tras las horas los contrastes
vuelven a disolverse.
Acuarela en el aire de
tonos sanguíneos.
Los pájaros, trinando, se
lanzan a sus edificios de hojas.

Se apaga el día cuando la
luna gira de nuevo la rueda.
casas, comercios, focos y Faros
imitan el día con sus pavesas.
Un adagio calmado interpretado
con la brillante partitura del cielo.

Ha sido un único día,
una instantánea fugitiva,
un recuerdo a atrapar
como bocados de espuma.
Unas horas a enjaular
entre estos barrotes de letras.

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