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En aquel mundo oscuro la noche era desconocida para sus habitantes. Distinguían las horas de sueño cuando sus edificios cesaban su profundo reverberar. Pasaban del rumor en la piedra a las voces que trazaban sus las paredes.Solo conocían aquel mundo en negativo. Raíces húmedas eran su alimento, el amor y la mentira se medían en latidos. Sus ojos parecían de mármol.

En una de sus vacías albas un filósofo despertó.

Diseccionaban sonidos, catalogaban sabores, seguían rastros de tinieblas. Las yemas de sus dedos eran vivas y ansiosas. ¿No deberían existir matices en aquella oscuridad?
Peregrinaron con aquel loco aquellos que atisbaban tenues resplandores en la orilla de sus ojos. Serpentearon en su oscuridad hasta la primera mañana.
Acariciaron la boca de la gruta. El aire les pareció eterno. Densas manchas grises dibujaban campos a sus pies. Recién nacidos les sorprendió el sol.

Muchos regresaron temiendo enloquecer.

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