Etiquetas

,

CUARTA OBRA.

“Un edificio de tonos verdes y arena, tras cada ventana la gente se agarra a la órbita para no caer. El tejado es gris y se ha dejado una barba de humedad pegada al muro. Hay tiendas y un garaje con un pequeño semáforo amarillo. El edificio sólo tiene dos lados. Detrás no existe nada, sólo un esbozo de otro universo que pintaré otro día.

Al no estar completo, el retrato es, en parte, un engaño.

No puedo multiplicar los planos, así como no puedo dar pinceladas con óleo transparente. Todos los esfuerzos con ese aceite serían inútiles, pues de dominarla tampoco sería ese el resultado esperado. No puedo pintar el ladrillo delante del hierro, detrás una familia y recuerdos ajenos. No todo a una vez.

Así queda un cuadro falso en dos vertientes, falso por no ser lo que pinto y falso por su resultado. No puedo abarcar todas las caras del prisma y a su vez el interior de la materia. Para ello debería colocar una fotografía junto a un dibujo muy trabajado de lo que creo ver. Más allá un boceto rápido, pues captaría con menor temor lo que tengo delante. Una pizca de la piedra misma, para poder apreciar su entidad. Colocaría también el plano del edificio y una foto de los inquilinos. Una carta con lo que pienso de ellos al verlos y recortes de sus vidas. Una cinta grabada con los ruidos y otra con los silencios.

Y todo ello debería explicarlo al observador.

Con todo no podría amasarlo todo en un mismo espacio. Resulta imposible comunicar toda la idea, pues si me hago acompañar del otro hasta el mismo lugar y le enseño el edificio el lo verá ya otro día, con otra luz, tras haber recorrido su vida con otros pies y con menor intención de adentrarse en la piedra y aprender a aprender.

Tú ni siquiera has visto ese cuadro. No existe. Todo es falso o incompleto.”

Anuncios