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Soy el hombre de ojos de mar que traspasa la pared mientras los sonidos se comban. Puedo adivinar los huesos de un edificio y trazarlos en el aire sin sacar las manos de los bolsillos. Separo a los viandantes en láminas de libro infantil con los órganos limpios y dejo un bocadillo en blanco porque soy incapaz de saber qué van pensando.

Soy el hombre que adivina la mentira pero no puede explicarla. El que ha dejado de ver luces chocando y colores devueltos y ha comenzado a ver poliedros transparentes habitados por gente caminando de perfil entre objetos almacenados.

Soy esa carcasa que ves de pie en la acera mientras baña sus pies en el rompeolas de sombra de un edificio al atardecer.

Soy el que no sabe explicarte qué he comenzado a ver.

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