Etiquetas

, , ,

TERCERA OBRA.

Una sola pared, cruzada de medidas pinceladas imitando grietas, representan la estancia que recogen al retrato de este hombre sentado. Su abundante cabello aparece detenido en su fluir. Pese a lo detenido de su pose, el hombre parece haber sido captado mientras se dirigía, de manera inevitable, a un destino incierto. Sobre el puente de su nariz aparece una arruga en forma de tridente, pintura oscura inusual tatuado en los tonos claros de la piel. De tal modo sus rasgos parecen flotar sobre el rostro, así lo hacen sus cejas concentradas, su mirada hacia la izquierda y sus labios apretados, plasmados en una sola pincelada, decidida y pese a ello, hendida en el óleo debido a su fuerza, como un magnífico tajo.

Su ropa aparece vacua, oscuras solapas y un toque claro roto por un trazo vertical, quizás camisa y corbata. La indefinición impide datar el tipo de costura o el corte del traje que queremos ver. Es un traje del siglo pasado y de mañana. Seguimos bajando para encontrar una mano congestionada, la izquierda, sosteniendo un reloj. Uno de esos aparatos de cadena, siendo el único objeto de la pintura con permiso para aparentar tiempo. Una luz indefinida se refleja en su esfera de cristal, arrojando múltiples sombras de cuarzo sobre la plaza de horas. Con este efecto las manecillas están en todos sitios y en ninguno.

La mano derecha sobre el brazo del asiento quiere levantarse, extenderse, asirse para salir del marco. Pero ese movimiento ha quedado fuera de la imagen.

Si miramos detrás de este hombre detenido en su fuga vemos una foto borrosa a su izquierda. Es de una pareja, un niño y un hombre, todos ellos en una sola exposición. A la derecha del hombre la luz de una ventana se filtra y flota en el interior de cuadrados difuminados.

Sirva como testimonio de una parada en un viaje sin motivo pero inaplazable.

museotransparente3

Anuncios