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Me he pintado un pobre a la espalda. Tiene el rostro triste de un Murillo y extiende una mano quebrada de Picasso. En mi hombro una paloma espera girando el cuello a latigazos. Me sobrevuela un gorrión nervioso.

Mi barba imita un rastro de humedad sobre la pared de mi camisa. En la unión de sus cuadros se asoman rostros fugaces que recuerdo no conocer.

En los dedos de una mano me cuelgan candados de amor eterno, anillos herméticos que se extirpan con un tirón. En la otra mano tengo un móvil. No para de comunicar.

De los bolsillos de mi pantalón de asfalto salen hojas de naranjo. Las piernas están cubiertas de anuncios; señales hacia un futuro mejor por el camino corto y barato . Mis pies están bajo la basura.

Camuflado salgo a cazar la ciudad. Copiándola espero que no me devore.

 

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