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Un hombre corría asustado de su propia sombra.

Su silueta recortada reptaba sobre las piedras, serpenteaba entre los árboles. El hombre corrió toda sus vidas, su condena era la huída perpetua. Un amanecer el hombre saltó por encima del sol.

El disco de sierra candente partía la mañana.

Se creyó a salvo del cazador gris. Por un momento no tuvo miedos.

Vio su cuerpo crecer, proyectado contra el cielo. Creció por encima de los árboles, después dejó a sus pies las montañas. Su sombra, su miedo, lo fue todo. Amenaza, meta, final y olvido.

Un hombre corría asustado hacia su propia sombra.

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