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(Segunda parte del texto leído durante el Día Mundial del Medio Ambiente 2012 en Málaga.)

DOS.

 La naturaleza tiene la mala suerte de coincidir con nosotros en el mismo compartimiento. Una vieja madre compartiendo sus frutos con extraños, hábiles en el ejercicio de poner una mano después de otra. Convencidos de que son regalos merecidos, sin esforzarnos en pensar si hemos sido niños buenos.

* * *

Ayer vi desde la ventana a otra alma vieja enzarzarse con las ramas que reptaban por el muro bajo su terraza. A decir verdad no fue ayer, pero repitió la poda de aficionado en tantas ocasiones que, juntas, se me hacen patentes como si estuviesen más cerca.

Este trabajaba con más brío, a puñados arrancaba las matas malditas de otro muro. No imagino que necesidad lo llevaba a empeñarse, incluso en mitad de la noche, en hacer aflorar el hueso de la pared. En la orilla de un débil foco metía cuerpos de palo en una bolsa de basura insaciable. A unos pasos su mujer, muda, se resignaba a estar a su lado con tal de hacer algo juntos.

También trabajó en turnos de mañana y en ocasiones de tarde. La maldita planta no entendía sus órdenes y con la vuelta de los meses volvían a escalar el cemento, como si un río en época de lluvias ocupara de nuevo su cauce.

Debió cansarse de no recibir recompensas por una tarea que no contaba a nadie. Dispuesto desgajó el tronco principal, raíz de sus desconocidos males y con el material con el que el hombre maneja la naturaleza sin contar con ella, cubrió de cemento la tierra que parió la planta.

Si sigo mirando por la ventana veré a otros ajusticiar pequeñas porciones de planeta. Más allá de lo que me permite la vista el sentido común me dibuja viejos de todas las edades hiriendo el suelo con la actitud propia del niño castigado que patea una puerta. Tiene pies y le apetece hacerlo.

 * * *

La naturaleza tiene la mala suerte de haber dado con unos hábiles falsificadores, empeñados en levantar cuevas de hormigón, ríos de asfalto y árboles de metal que conducen tormentas o susurros, negocios y listas de la compra. El tejido de la tierra contempla por un momento esa prole tan numerosa haciendo uso de todo su talento para acelerar los beneficios. La naturaleza tiene tiempo de sobra.

 Esa es nuestra mala suerte.

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