Al fin logró rodear la armonía y encontrar el extraño paisaje en la cara escondida del sonido. Cuerdas trenzadas por vientos cruzados. Abruptas escalas en una cordillera escalofriante de acordes serrados. Caminó hasta el piano vencido hacia las notas graves, reflejando en su negrura las densas nubes vibrantes cubiertas de piel estirada.

En aquel paraje de arcilla cuarteada colocó cada dedo en el sitio equivocado. Interpretó la más bella melodía esforzándose en equivocarse a cada momento. Aquella música, revestida de terror, quedó tatuada en sus tímpanos.

Debía volver a su mundo mientras pudiera conservar caliente la composición. La introduciría en el vacío para no corromperla y buscaría reproducirla.

Una música horrible. Pero suya.

Anuncios