Al mirar a través del sueño  veo un hombre de enorme cabeza gris parado en un salón iluminado. No le distingo los ojos, pero casi advierto sus brazos, plegados a los lados de su inmovil cuerpo.

Me llena la mente su presencia a distancia, me cautiva la idea de lo extraño.

Después me apeno por lo imposible de su existencia. Me entristece la imposibilidad de lo inexplicable más allá de mi cabeza. El juego de mis ojos buscando detrás de los párpados, declarándose simples mensajeros equivocados.

Sonrío al despertar, considerando volver real al hombre gris de dimensiones imposibles, poniéndolo en papel con trazos o palabras.

En ese juego de extraer recuerdos físicos de los sueños voy dando paseos, como un turista de mi insconsciente.

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