(Mención especial en la categoría de Microrelatos en el Certamen MálagaCrea 2009)

A cierta hora de la mañana el vendedor se acercó a la puerta de la habitación vacía. Golpeó la tapa del ataúd. Nadie le abrió. Una vez dentro, con la puerta cerrada, Nadie le ayudó a descalzarse. Con los pies desnudos en el linóleo, buscó la luz en el armario, bajo la cama y tras las paredes. A oscuras empezó a olvidarse de sí mismo. Llegó a olvidarse tanto que desapareció mientras Nadie lo veía.

A cierta hora de la mañana el vendedor se acercó a la puerta de la habitación vacía. Nadie le abrió.

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